Que el mundo es injusto, que la vida está mal repartida, es una evidencia casi científica…y en ocasiones como esta, son más que palpables.
«Daruma» (2025) es una hermosura que merecería más reconocimiento por esa prensa que se dice especializada y, por descontado, por el público; y por segunda vez recala en nuestra ciudad, casi de puntillas, a escondida, y eso no deja ser un indicador de alguna carencia seria en una «supuesta» cultura musical de la que muchos alardeamos en esta ciudad, cada vez más sumergida en la oscuridad y en unas supuestas «tradiciones» culturales, religiosas y taurinas.
En el 2021, decidido a dedicarse a su oficio de apicultor a tiempo completo, pintó uno de los ojos de ese Daruma japonés, ese amuleto que más que prometer solo suerte, simboliza la perseverancia y determinación, motivándonos a siempre levantarnos para seguir luchando por lograr los objetivos, depositando ese amuleto en un lugar muy visible, para que su presencia le sirviera como recordatorio, y motivación para seguir trabajando por algún objetivo…que cuatro años después, hace que pinte el ojo contrario al cumplir ese sueño, y que se reflejan en ocho canciones maravillosas, encerradas en un disco de vinilo negro lleno de emociones y de luz.
Formaciones como Inlogic, Dinero o Libens, y por descontado, LA BANDA, Morgan, le han servido para forjar una base y una evolución y ayudarle a afrontar esa «especie de travesía del desierto por lo complicado y la falta de medios», que representa este «Daruma» (2025), que ya nos presentó en una pasada visita acompañado por el saxofón y la voz de Rebeca Gismero, y que en esta ocasión, cedió su lugar a Iago Vilela, gallego y poco hablador, a la guitarra…y esa combinación de dos guitarras sientan como un traje de marca a las canciones del disco; “Enemigos”, como cuenta en una pasada entrevista, «la canción más desnuda, casi un susurro. Quise que fuera la puerta de entrada, la antesala de un trabajo que empieza íntimo y poco a poco va abriéndose a sonidos más grandes”; “Inmortales”, “Sígueme”, «Amigos», «Dudas»…canciones sencillas, «pero llenas de significado. Prefiero que quien las escuche las lleve a su terreno”, añade.
Alejado de las etiquetas, ese folk-pop minimalista, del que hace gala; en un mundo donde prima la inmediatez, reivindica la calma de poner un disco y disfrutar de esas canciones que se encierran entre sus surcos, y donde quedan atrapados sus miedos e inseguridades, unas canciones donde se nos abre y nos habla de sus amigos, de sus dudas…de un tipo normal, con aspecto normal y que vive en un barrio normal.
Como ya escribí en su anterior visita dudo que el futuro del músico de Hortaleza sea ser portada del Super Pop ni del Men’s Health; pero más de una carpeta tendría que ir forrada con ese Daruma, que nos marca cumplir algún objetivo, y que a la postre es un trabajo «muy honesto, sin artificios» y que «habla de los miedos, sus procesos y su forma de entender la vida”, de su autor.
Alejandro Ovejero, Ove, se acerca el pasado 7 de febrero de 2026 al Café Teatro de Valladolid a volver a enseñarnos ese amuleto que es Daruma.









