La pequeña historia de la formación, a caballo entre Burgos, Salamanca y un poquito de Valladolid, nos cuenta que surgió cuando Álvaro, Nacho, Eneko y Cachorro se conocieron en el ámbito de la Universidad de Salamanca. Entre libros, tertulias en el bar, alguna partida de mus, noches de estudio, algún suspenso y hasta aprobados, surgió la banda y dieron vida a tres trabajos, hasta la fecha: “Huella y camino” (2020), «Refugios a cielo abierto» (2022), y el más actual y brillante “La Constancia” (2025), un trabajo para «gozarlo en directo sin dejar de lado lo emotivo”…y que a los señalados al principio, el vallisoletano Nacho Prada a la mandolina, guitarra, percusiones y voz; el burgalés Álvaro Herreros, encargándose del violín y voz; el también burgalés, Rodrigo Cachorro Antón a la guitarra y Eneko Lekumberri a la batería y percusiones, se sumó ya hace un tiempo su hermano Peio Lekumberri, al bajo y percusiones.
La formación castellana vive un tiempo de dulce. Alcanzada una madurez artística y alzando la vista sin olvidar sus raíces, aportan un aire nuevo a este gris mundo de la música tradicional, encerrada en historias y recuerdos, que es posible no se pueden perder, pero que no enganchan a un público, o a unas generaciones más jóvenes, más propensas al consumo inmediato y mira siempre hacia adelante. Puede que para los más puristas del género, por allí andaba el amigo Tono, un tipo del renacimiento y un consumado folclorista, o para los más tradicionalistas, todas estas nuevas generaciones del Folk, que con sus nuevas aportaciones intentan revitalizar un género que, por mucho que les pese, languidece poco a poco, no tengan mucho recorrido…«dentro de siete años nadie se acordara de ellos», barruntaba, recordando mis soflamas sobre los charros pero sombríos Mayalde, sin duda excelentes defensores de la música más tradicional…pero que a mí, me pasa lo mismo que con los payasos de circo, me dan pena, al margen de su indiscutible calidad y sin quitar pizca de valor a lo que hacen.
Al rebufo del asturiano Rodrigo Cuevas, que por cierto, colabora en un tema del último disco, un buen número de nombres y de bandas intentan tomar impulso y demostrar que la música tradicional no es solo nostalgia y un arte parado en el tiempo y encerrado en los museos; y en concreto estos burgaleses, charros, pucelanos y navarros adoptados, defienden ese sentir castellano, suponiendo que algo de eso tenemos…aunque sea poco, reinterpretando ese tema del grupo abulense Orégano que compusieron en 1977 y donde reivindican la identidad castellana: «No somos un pueblo que oprime, sólo oprimen los tiranos, y los tiranos son pocos, son muchos los hermanos, de otras tierras que luchan, de otros países de al lado»…Acabaron bajando a la arena de la plaza, una plaza de este Parque El Tejar, que entre gritos de niños y pelotas corriendo en las canchas de al lado, recobro el verdadero sentido de estos lugares, lugares de encuentro y de cultura, de intercambio y de diversidad, alejado de lo que en unos días será…y es que no está de más volver a recordar que los toros no son cultura ni arte.
El Nido arrancó unas X Edición del Festival de Folk de Boecillo, una cifra muy redonda, y que en este caso concreto tiene mucho mérito, más en estos pueblos castellanos donde todo lo cultural se suele resumir en toros, capeas y encierros, sin olvidarnos de alguna romería y fiesta de Abril, y acercó esa «Constancia» que tan bien suena al Parque El Tejar de Boecillo, el pasado 18 de Julio de 2026.











